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Acá estoy, mirando partidos de la NBA y en familia, con mis viejos, que llegaron hace unos días. Tranquilo y no tan cansado porque ayer el triunfo contra Houston fue más cómodo de lo imaginado. A esta altura del torneo y pensando en los playoffs que ya se vienen, es muy importante aprovechar minutos para recuperar energía.
La verdad es que ayer tuvimos un primer tiempo impresionante. Tremendo. Metimos todo lo que tiramos. Terminamos con un 65% de eficacia, una barbaridad. En el segundo no jugamos tan bien, pero mantuvimos la diferencia con una buena defensa. Además, Michael (Finley) la rompió. Ya hace varios partidos que levantó su nivel. Ayer anotó todo tipo de lanzamiento y eso nos quita presión a nosotros tres (por Tim Duncan y Tony Parker).
Todo se dio al revés últimamente: los partidos que teníamos que ganar con cierta facilidad se nos complicaron (ante los Clippers y Minnesota) y el que suponíamos que resultaría muy complicado, con Houston, se nos dieron todas sin tener un buen juego de equipo.
Faltan 8 o 9 partidos para terminar la serie regular y si miran las posiciones se darán cuenta de que en el Oeste estamos todos juntos, con una diferencia ínfima. Nosotros podemos terminar primeros o sextos; no creo que caigamos más de eso; por lo tanto, cualquiera de los ocho equipos que están hoy en la lucha nos puede tocar de rival en la primera serie de playoffs. Nunca pasó algo igual. Está tan peleado que hasta Dallas corre peligro de quedarse afuera.
Nosotros tenemos el fixture más complicado, me parece, aunque nunca se sabe. Nos quedan varios partidos con equipos involucrados en la clasificación, como Utah (dos veces), Phoenix, los Lakers y Golden State.
Y más vale que no se puede elegir rival. Puede pasar cualquier cosa. Los playoffs van a ser una carnicería . ¡Durísimos! La verdad, no quiero jugar con nadie. Podría pensar en New Orleans, que no tiene experiencia en playoffs, pero están jugando muy bien. Pienso que en todo esto va a sacar ventaja el Este, donde hay dos equipos que marcan diferencia (Boston y Detroit) y si llegan a la final seguramente lo harán menos desgastados que el primero del Oeste.
Ya habrá tiempo para hablar de la postemporada; ahora quiero decir algo de Luisito Scola, con quien nos juntamos la noche antes del partido para cenar. La pasamos muy bien, realmente, porque también estuvieron mis padres, Fabricio, su familia y un amigo de Córdoba. ¡Una multitud de argentinos!
Luis estuvo muy efectivo ayer, muy sólido, sin hacer cosas brillantes, pero positivo y aprovechando para anotar con sus cortes al aro. Tiene un gran olfato para jugar y no me sorprende su nivel. En Europa jugaba igual. Ahora se está acostumbrando al ritmo de la NBA, pero puede aportar mucho más cuando le pasen la bola. Todavía Houston no canta jugadas para él, como nos pasó a todos al principio acá. Tiene que ser paciente y seguir ganándose la confianza.
Durante la cena hicimos alguna referencia sobre la renuncia de Pepe (Juan Ignacio Sánchez) a la selección. A Luis no lo sorprendió tanto; creo que la suponía. Yo esperaba que se retirara después de los Juegos. Sin duda que es una pérdida enorme para la selección y especialmente para mí, porque debe ser el compañero con el que más tiempo jugué. En Bahía Blanca fuimos rivales hasta los 12 años, pero después el pasó a Bahiense y estuvimos juntos desde los 13 a los 17. En la selección debutamos juntos (1998) y nos entendíamos muy bien, él hacía engranar los sistemas; además, desde que se fue el Puma (Alejandro Montecchia) había tomado más preponderancia. Pero entiendo su decisión y lo apoyo. Jugar en un equipo de punta de Europa (Barcelona) es más complicado que en uno de la NBA. Seguro que los vamos a extrañar mucho. |
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